La soledad no siempre duele.
A veces solo pide espacio.
Espacio para respirar sin testigos,
para escucharse sin interrupciones,
para no fingir compañía.
La soledad, cuando no se huye,
se convierte en un lugar.
No cómodo.
No fácil.
Pero sincero.
No todo el mundo se queda.
No todo el mundo sabe escuchar.
Pero a veces,
eso también es suficiente.